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miércoles, 6 de enero de 2010

Hablando con extraños

Hace un par de semanas, antes de que termine el año 2009 volví a ver a un hombre con el que hablé hace varios meses. No sé su nombre, pero me acuerdo de la situación y de su cara.

Cuando lo vi por segunda vez, estaba dentro de un restaurante con una mujer, ambos lucían tranquilos, tal vez mantenían una conversación agradable. Si no recuerdo mal, él estaba sentado frente a ella y le servía comida. Mientras ella lo miraba atentamente.
Yo iba caminando, los ví durante un par de segundos, pero no me detuve. Enseguida lo reconocí de esa vez que nos encontramos en un supermercado chino sobre la avenida Córdoba.

También recuerdo su voz, él se acercó en la fila de la caja y me dijo:

- "Disculpáme ¿Dónde conseguiste eso?" - y señaló mi paquete de polenta.
Yo lo miré y pensé que tal vez me veía cara de repositora, le respondí:
- "Mirá en esa góndola, abajo" y le indiqué el lugar.
El super no es demasiado grande, podía encontrarlo con facilidad. 

El hombre giró y miró y caminó despacio hasta la gondola. 
En mis manos yo tenía además, una lata de tomates y queso. El volvió a la fila y me dijo:
-"¿Cómo se prepara esto? - Sosteniendo con una sola mano la polenta. Yo pensé que otra vez me había confundido con otra persona, pensé que tal vez me veía cara de ama de casa que sabe cocinar muchas cosas.
Lo miré un poco angustiada, pero traté de disimularlo, me pareció triste que ese hombre elegante con pelo enrulado, no supiera cocinar polenta. Le expliqué:

- "Tenés que llenar una olla con agua y ponerla al fuego, hasta que hierva. Luego echás la polenta, como espolvoreándola y revolvés para que no se hagan grumos ni se pegue hasta que se cocina. Antes tenes que ponerle sal al agua" - Le sonreí y antes de que dejara de hacerlo, volvió a preguntarme:
- "¿Se puede cocinar con leche?" - Fui más breve, simplemente le respondí:
- "Sí" - miré toda su cara, lo miré y entendí que realmente no sabía hacer la polenta, nunca había preparado esa comida seguro. 

Pagué por mis cosas y me fui, cuando salí lo espié y vi que él caminó para el otro lado. Me sentí contenta de haber ayudado a un desconocido. Me sentí rara también.


Cuando lo crucé en el restaurante y lo vi acompañado pensé que tal vez esa noche cuando me preguntó por la polenta, su plan era sorprender a esa mujer con una cena y con el vino tinto que llevaba en la otra mano.

Espero no equivocarme y deseo que esa polenta haya sido incomible. Porque lo importante, en este caso, sería el gesto que el tuvo. 

Ella no tendría otra opción, se reiría de la comida y se enamoraría de él completamente.

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