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miércoles, 24 de agosto de 2011

Objetivos cumplidos: 1 y 1/2 de 2

Nos sentamos en una de las mesas de la estación de servicio; antes fui al baño y pensé en espiarte si me iba del lugar y te dejaba solo con el café en la mano. Pero entré y me senté, amenazada por el frío... porque no tenía un plan mejor.

Hacía 45 minutos me habías mirado y habías caminado al lado mío y habías vuelto y te habías acercado y habías "pisado" un enérgico HOLA con un ¿VAMOS A TOMAR UN CAFE?

Caminamos varias cuadras y nos subimos a un auto apestado de olor a cigarillo. Estaba inmóvil y nunca saqué las manos de los bolsillos. Vos hablabas con el chofer, me aburrías, no me acuerdo lo que hablamos en el camino. Pero recuerdo oírte decir: "si no tuvieras frío también me bardearías tanto como lo estás haciendo ahora?" 
Fui incisiva en cada uno de los pocos comentarios que hice y sentí estar subiendo una escalera que no conducía a ningún lugar* pero lo hacía mucho más rápido que los demás, que vos. 


Hacía 15 minutos me habías empezado a preguntar y a contar. Tantas veces te pedí tomar un café y charlar (pienso mi risa a los gritos: "imbécil, ahora ya es tarde. Ahora me aburrís"). Me contabas que estabas cansado; yo te ví abatido. Me contabas cosas que ya sabía, vos solamente me las confirmabas. Ya sé que todavía no terminaste la facultad, que estás recursando y que no te querés dedicar a tu carrera; ví tus uñas sucias, tus manos gastadas. Ya sé de la quinta, de tus amigos, del viaje en tren, de tu viaje al Sur, de tu vida en La Plata. Ví la misma ropa de siempre, siempre manchada y las arrugas de tu cara.


No te veía desde hacía un año y medio sin embargo, lo supe siempre.


Volví del baño para sentarme -no me sorprendió tener que pagar parte del café- y nos quedamos sentados ahí un poco menos de una hora. Me molestó tomar el café en un vaso de cartón.
Estabas estúpidamente contento de hablarme, me lo decías en cada expresión de tu cara, en el tono de tu voz, en la risa exagerada por algún comentario que se me escapaba de los mismos que hice al comienzo de la caminata, siempre afiladas palabras que me protegieron. 
Estabas nervioso y volcabas el café. Te escuché atentamente mientras de vez en cuando calculaba cuánto tiempo más iba a tener que estar sentada ahí. Teníamos para hablar temas y tiempo y vos querías quedarte pero yo no, así que a cada comentario -no lo suficientemente arriesgado- para que yo te hablara, preguntara o explicara por qué hacía tanto tiempo que no nos veíamos ni hablábamos simplemente lo dejaba pasar. 
De repente me levanté de la silla y me vi parada al lado de la mesa. No te había anunciado que quería irme así que lo hice poniéndome el saco y sonriendo, ahora vos estabas inmóvil. Dos o tres minutos después entendiste que de verdad me iba y decidiste acompañarme. 
En las cuatro cuadras de camino a mi casa, solo hablamos del frío. Me detuve en la entrada y esperaste hasta último momento para que te invitara a entrar pero no lo hice y en cambio me paré a una distancia capaz de indicar que ya estaba del "otro lado*" y que ni vos ni yo íbamos a cruzar esa línea imaginaria para entrar o salir de algún lugar. (**lugar significa otro momento y también hace referencia a otra oportunidad, ocasión... Para mí significó todo eso y por tal motivo es que establecí el límite y aguardé... para qué explicar) No entendías. De todos modos lo intentaste y te estiraste y me besaste en los labios. No me molestó el beso pero volviste a besarme y puse la mejilla una vez, la otra mejilla una segunda vez. No entendías. Me miraste y me preguntaste "¿no me vas a besar?". Te dije que no. Y me preguntaste por qué. Te dije la verdad. "Porque no quiero". Y no te detuviste en el breve pero vergonzoso momento y me dijiste que querías dormir conmigo, que por qué no dormiamos juntos y un montón de frases reiterativas. No me reí nunca, no había chiste para compartir. 
Quise ser breve y sin explicar, se me cayó de la boca un auténtico "porque no". Pusiste las manos en los bolsillos y cerré la reja. Caminaste por la vereda y por la calle balbucendo palabras que no intenté escuchar y quedaron ahí, en el aire.

Nunca me dijiste Vicky, nunca te dije Pepo.

viernes, 1 de julio de 2011

sin-vergüenzas

Hace tiempo que no pienso en el sexo como algo placentero, como algo deslumbrante, como algo sorpresivo, como algo apasionado.


Hace tiempo que pienso el que por qué no disfruto ni disfrutan de mí, del sexo de una joven de veintisiete años. Con la piel tersa, suave sin estrías, con el pelo revoltoso y la respiración suave. Del abdomen, del cuello, la nuca, las muñecas.


Hace tiempo que pienso en el sexo del pasado.
Y me detengo -siempre pensé y lo sigo pensando que el sexo es mental y físico, que es todo lo contrario a lo solemne y romántico que puede ser un abrazo, un beso, una caricia u otros detalles- y repentinamente recuerdo una  escena que me llenó de una pena que no recordaba desde ese mismo instante en el que la viví.


Cómo lloré la última vez que me acosté con Pepo, lloré con un llanto desconsolado mientras estaba acostada en la cama y él me besaba. Lloré tan breve pero tan profundo que casi logro que me quiera; lo sentí en su abrazo preocupado, casi casi en su primera y única demostración de cariño.

viernes, 20 de mayo de 2011

Ese es el instante decisivo para mí.

Hola, volví de mi clase y te cuento que le debo todavía un post que tengo a medio escribir a mamamono pero no pude evitar escribir esto y como la vez anterior, lo hice en el 109 -CahcaritaPalermo- y una vez más me distraje escribiendo y me bajé mal del colectivo.

¿Cómo puede ser que de un jueves a otro, en tan poco tiempo cambie completamente la percepción del "momento clase de fotografía"?

Me conmoví. 
La pregunta correcta sería: ¿Cómo es posible que alguien tan joven sepa con tanta determinacion que lo que le gusta de la fotografía es la Incer-tidumbRe.No saber qué es exactamente lo que está guardado en el rollito de película, lo que está registrando en un segundo.
Y la sorpresa y posible satisfacción de saberse creador de imágenes que conmuevan.
 

En la clase volví a divergir con mi profesor; él argumentó que los paisajes no deberían ser fotografiados porque es imposible transmitir -por ejemplo "la inmensidad" del glaciar Perito Moreno-. No me enojé. No tuve la sensación de querer levantarme e irme pero sí quise dar mi opinión. Dije que el desafío de un fotógrafo es ese: conmover a quien aprecie la foto de un paisaje. Dije que es "fácil" o mejor dicho más probable causar una impresión en el otro si le mostramos ésta foto pero si la foto es esta o ésta?
Mis fotos favoritas son los retratos, son las situaciones más cotidianas de él o los protagonistas de una foto pero al mismo tiempo las más ajenas a mí; sin embargo, ver un paisaje fotografiado me llena de sensaciones.


La clase de ayer tuvo vino tinto, cositas para picar y un invitado: un fotógrafo. (Viste ese que expuso en la galería del Teatro San Martín, ese que no tiene ni una vocal en su apellido, del que dijimos que íbamos a ir ver la muestra pero al final no fuimos, no sé por qué así como no sé por qué ya no hablamos).
En la clase le preguntaron: "¿Por qué te dedicás a la fotografía?" (es de esas preguntas difíciles de responder -por lo menos para mí- son molestas a veces.) Juro que pensé eso cuando escuché la pregunta y pensé también que el tipo iba a decir "no sé" o iba a dar una respuesta convencional ... "de chico me regalaron una cámara y desde ahí no paré de fotografiar..." y tantas otras opciones de respuesta breve y resignada. Pero no fue así. El dijo con tranquilidad e inquietud: "porque me gusta viajar, por esa sensación de libertad".
Me sentí avergonzada de tener una "vidita" tan sencilla pero más que nada, de no tener el coraje de ser libre, así tan disfrutable la libertad. De estar orgullosa de eso, de hacer, de practicar la libertad. 
Y el tipo ahí sentado delante mío, con sus zapatillas AllStar, su bufanda "de abuelo" y su relato interrumpido por una tos serena y sus fotos detrás suyo, de esas que no se quedan en un simple relato, van en búsqueda de algo.

Disculpame Cristobalito, por eso me gusta la libertad de Juan O. por eso se lo dije a él, por eso veo sus fotos de aficionado y me raspa -su libertad- la piel de toda la cara y contradictoriamente, lo disfruto.

lunes, 17 de mayo de 2010

Não acredito!! (no te la creo)

No me gusta criticar a quien o quienes no me quisieron como los quise yo. 
Mentira, sí lo hago pero no con odio ni con tanta fuerza como para gastar con todas mis energías, tengo que reconocer que a veces soy "demasiado buena" o "medio pelotuda".


Pero ¡basta!

Quiero desquitarme y criticar hasta lo más superficial de una persona, quiero ser mala y dejar en evidencia las miserias de algunos, incluso aunque eso me deje en evidencia y quien lea esto piense lo tonta que soy por juntarme con gente de tal tipo...
Es que a veces, o casi siempre ni yo me entiendo, entonces cómo van poder entender los demás por ejemplo la siguiente situación:

Madrugada, casa de Pepo y otra vez el pis que no se aguantaba salir de mi vejiga. Le pido ir al baño y vuelvo a la cocina donde estaba él. Lo encuentro de espaldas a una pequeña ventana que da al patio de su casa justo sobre la mesada. Lo primero que veo es que tiene los pantalones bajos. Me mira y sonríe un poco avergonzado. 

¡Estaba meando la bacha de la cocina! (WTF!!) Lo único que pude decirle fue: "¿Qué estás haciendo sucio?"
Y aún habiendo sido testigo de esa situación, nos fuimos a dormir. 


PD: La imagen es de www.nataliedee.com (sin el Pepo made in Paint by mi y mal) jaja

lunes, 3 de mayo de 2010

La princesa que nada

Me acuerdo que un día, sentados en la vereda de un bar, me hablaste poco y como si nada de repente me dijiste: "¿Sabés a quien te parecés? a una princesa, esa de la película Corazón Valiente".

¿Sabés qué?
Yo te quiero pero no es suficiente, porque te quise más por lo que fuiste pero ahora para mí ya no sos nada. Y tal vez me duela más a mí decírtelo que a vos escucharlo.
Porque siento que a vos no te importa nada lo que lo que pueda decirte y si para mí ahora no sos nada es porque cuando te conocí quedé deslumbrada y ahora te veo y eso que significabas para mí ya no está, ya no sos nada.
Como si fueras una película en otro idioma y sin subtítulos ya no significas nada, de todo el amor que sentía por vos, no quedó nada.
Todavía te quiero un poco porque sos persona, porque los recuerdos todavía existen y al contrario, no me dañan, me dan la razón que de ese joven de veinte años ya no queda nada.
¿A dónde quedó la persona que brillaba?
¿Y la que hablaba de los proyectos, de su carrera, de sus próximos viajes, su vida planeada con una pasión revolucionaria? 
Había revolución en cada una de sus palabras, no solo en su ropa, su sonrisa o su mirada. Todo él era  revolución y ahora, nada. 

Toda la simpleza que te representaba y por la que te elegí ahora nos separa, te volviste básico, así como si nada...
Una película sin sonido para mí, cómo decirte: sos una estructura sin dimensiones.


PD: No podés ser tan ciego, seré princesa ok no fuiste muy original con eso pero la de "Corazón Valiente"? Por favor...
Y metete el "princesa de porcelana" en el ortis. Chau. 

martes, 6 de abril de 2010

El juego de las diferencias

A veces me pregunto por qué quise (o quiero) tanto a dos personas tan distintas como Pepo e Iván, hasta el momento, dos personas importantes en mi vida.
Porque no es solo una cuestión de diferencia física, sus personalidades son distintas también.
Hace unos días una amiga me decía que ella no podía determinar el "tipo" que me atraía a mí, que sí podía hacerlo con otras amigas y pensamos en algunos con los que yo había salido y sí, la verdad es que no se parecen.
La charla me hizo recordar una misma situación que sucedió dos veces. Una vez con Pepo y otra vez con Iván y que representan un poco estás diferencias entre ambos.

Un finde más en mi ciudad, salida con amigos a un lugar (bar/boliche) que no me gusta.
Camino al baño, me encuentro con Pepo, me saluda y hablamos un rato. 

Ya no aguantaba las ganas de hacer pis.  Miro hacia los dos baños de mujeres y había en ambos, filas de alrededor de diez chicas en cada una. Iba a tardar algo así como un siglo. El pis se me salía, interrumpí la conversación con Pepo y le dije:
- ¿Me acompañás al baño? 
Pepo se rió y me dijo que sí. Le digo: - Pero acompañame al baño de hombres porque mirá- Y señalo las filas con las chicas que sufren de vejigas casi reventadas.
Pepo no lo duda y empieza a caminar mientras se ríe, lo sigo y observo que tiene el pelo super largo y que la camisetablancadeabuelo le queda hermosa. Llegamos al baño, no hay fila ni tipos con cara de mártir porque se están meando. 
Pepo entra al grito de: "Muchachos va entrar una señorita así que lo que no pueda ver, lo guardan, ¿estamos?" Y entra sin golpear al cubículo donde está el trono. Sale y me acompaña hasta la puerta. 
En los mingitorios había algunos tipos que miraban sin entender mucho. Pepo me dice: "No te preocupé, hacé tranquila que yo cuido que no entre nadie". Y se ríe. Cuando salgo, caminamos. 
Decidimos caminar uno delante del otro porque había mucha gente. Esta vez fui yo delante de él. Me dijo: "Yo te sigo" y caminé tranquila entre la gente, giré una vez y Pepo seguía detrás mío, di varios pasos más y cuando giré ya no estaba.
Seguí caminando y me encontré con mis amigos y bailé con ellos con la vejiga vacía. 
Me gusta pensar que se asemeja a la leyenda de Orfeo y Eurídice solo en lo que respecta a la situación. 
La realidad es que él no se hizo humo cuando giré sino no me hubiese encontrado semanas después y me hubiese dicho: -"Che, dónde te metiste el otro día, yo iba atrás tuyo pero de repente te perdí de vista y te busqué pero no te encontré".
 A veces me gustaría que esa leyenda de verdad sucediera.


La situación con Iván, fue así: 
Mismo lugar de salida con amigos, la misma cantidad de gente, las mismas filas llenas de chicas aguardando turno para orinar. Y las mismas ganas mías de hacer pis.
Estaba charlando con Iván, tal vez también bailando. Le digo: - "Ivano me acompañas al baño de hombres".
El, unos segundos después: "¿Vos estás loca nena?" y me miró con cara de enojado. Me dijo: "NO". Y yo odio los no. Entonces le insití, le juré que si no hacía pis iba a morir. Después de varios no, conseguí lo que quería e Iván me acompañó hasta el baño. Caminó entre la gente sacando pecho y rezongando. Llegamos. Me dijo serio y ofuscado: "Esperá acá, no entres por nada del mundo ¿me escuchaste?" Yo estaba pegada a la pared e intentaba espiar mientras él "tanteaba el terreno" como soldado en medio de Vietnam. Me arrimo, se da vuelta y me descubre espiando, me dice: "¿Qué hacés?" Estira el brazo contra mi cuerpo y me detiene con fuerza.
Estuvimos fácil quince minutos esperando que él me diera permiso para entrar a mear. Cuando constató que el lugar no estaba en condiciones me dijo: "No, no podés entrar Vicky, ¡hay hombres!" (Y sí, me imaginé, ¡je!).  
Quise entrar igual pero casi arrastrándome me llevo hasta el baño de nenas. Me dijo: "No me importa, vas y hacés la fila, yo te espero acá. Dale, andá a la fila y me quedo atrás tuyo". Hice la fila, puse la cara de culo como las demás y mientras esperé, me puse a charlar con las chicas; qué habíamos tomado, que cuánto pis se hacía cada una. 
Antes de entrar, giro y lo veo a Iván estaba ahí esperándome sí...  mientras se chamuyaba a una pendejita apoyado contra la pared.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Hoy es miércoles pero para mí, ya es viernes

(Esto tenía que publicarlo hoy a las 17hs. aprox. pero debido a que estaba a full en el laburo y otras cosas, me olvidé)

Y necesitaba solo un "yo también" pero todavía nada e igual espero...
Puedo pensar: no sabe/no contesta.
No sabe porque es un "linyera malparido".
No contesta porque no se le da la gana.
Pero pienso:
No sabe porque sí  sabe que nos vamos a ver.
No contesta porque ya lo va a hacer, porque no era para responder obligatoriamente, porque "soy así raro, frío, seco, poco demostrativo"...

Recibo un mensaje que me descoloca y no es él. Es mi "hermano" Gastón a quien adoro.
No lo entiendo,es un acertijo, eso sí lo entendí. Pero no entiendo las palabras, no entiendo si me está haciendo un chiste o me está hablando en serio.
Transcribo textual:

"Para un cunplaño se van a armar bolcita con gulocinas si pone 5 golosinas en cadas bolsa. No sobla ningonas si pone 4 en cada bolsa tampoco sobla ningona cuandas golosina se a complado en total.si se sabe q fueron mas de 50 y meno de 100 .como se resuelbe salvame jaja"
Gas: aunque no leas esto, gracias amigo querido, me sacaste por un momento de pensamientos cambiantes y apesadumbrados. Genio.

Pronto vuelvo a casa, exactamente en 34 minutos y voy a escuchar todas y cada una de las canciones de Lisandro Aristimuño, voy a hacer que mis vecinos canten sus canciones conmigo. Los voy a obligar, voy a hacer de cuenta que se las canto a él. Perdón si desafino, a veces se me saltan las lágrimas.

jueves, 11 de marzo de 2010

Mientras tanto...

No fue difícil para mí, tragarme las lágrimas cuando me dijo que no quería estar más conmigo y cerrar la puerta con decisión mientras aún sonaban esas últimas frases en mi cabeza y se subía -como es costumbre- a su bicicleta destartalada. No me costó cerrar la puerta antes de que mirara hacia atrás y me sonriera y yo lo saludara con la mano y le tirara besos al aire. Guardé los besos y solté las lágrimas apoyada contra la puerta mientras escuchaba el golpe de la reja.
Tampoco me costó borrar todo posible contacto que pudiera tener con él y sus mensajes; los lindos, los feos y los no respondidos. No volver. Eso no me costó, no salir a su encuentro, no pasar por su casa, no preguntarle a la gente conocida por él. Todo eso, no me costó.
No fue difícil escuchar que una noche lo vieron cerca de mi casa besando a otra mujer. No me dolió, me olvidé de eso. 
No me costó volver a verlo, de lejos o de cerca, no me acuerdo como fue la primera vez que lo vi después de tanto tiempo, después de que intenté desaparecer un tiempo. 
No fue difícil pretender que era aire, no mirarlo a los ojos, pasar a su lado y no saludarlo. Ignorar.
No me costó no ilusionarme al enterarme que había preguntado por mí en varias oportunidades, no me costó no preguntar por él, no querer saber cómo iba su carrera, si ya era un arquitecto, si seguía militando y jugando al basquet y si tenía novia. Saber cómo estaba y cómo se veías, no me costó. 

Pero de repente, tampoco me costó pensar en vos, encontrarte entre mis pensamientos. Y pensar que quería saber de vos y conversar. 
Dos años después, tuve ganas de olvidarme de lo que había pasado, de lo que me habías dicho y no me costó pensar eso, no recordar lo que ya fue. 
No fue difícil para mí volver a verte y mirarte, dejar de pretender que en tu lugar había aire, no me costó encontrarte y reconocerte. No me costó decir que no a la cerveza caliente que me convidaste. No fue difícil para mí abrazarte y apoyar mi nariz en tu pelo con olor a "pelo" como decías siempre. No me costó decir que sí cuando me preguntaste y volver a desayunar y ver películas juntos, no me costó. 
Y besarte, abrazarte y andar en tu bici destartalada tampoco... así como no me costó acostarme en la misma cama para el sexo y para dormir con vos.

Pero hoy me cuesta, hoy no puedo cerrar la puerta, no llorar y pretender que sos aire. 
Es difícil aceptar las palabras, olvidarme... 
Difícil significa que no puedo o no quiero hacer lo que ya hice al intentar olvidarte, sacarte de mi vida porque si no funcionó y está comprobado entonces, significa que me cuesta que me da miedo no poder lograrlo. Soy cruel, sé cruel conmigo y decime lo que no quiero aceptar y no me hables más por favor porque duele... me cuesta, se me hace difícil.

viernes, 26 de febrero de 2010

Contame un cuento...

Cuando era chica le pedía a mi mamá que me contara un cuento de vez en cuando. Recuerdo dos historias: una sobre un conejo y otra sobre la llegada de los Reyes Magos.
Con paciencia relataba brevemente cada una de ellas, yo escuchaba con atención y si acaso cambiaba algún dato por mínimo que éste fuera, se lo hacía saber y le exigía que lo contara como lo había hecho originalmente. 

Detalles de colores, orden de la historia, personajes y diálogos. Era como un juego, me divertía, pero al mismo tiempo si mi mamá no hacía los cambios correspondientes al relato, me enojaba un poco y no la dejaba continuar a menos que volviera en la historia para corregir el error. 
Como si esa chiquita de menos de cinco años ya hubiese sabido que de adulta quería contar historias ya sea a través del cine, la fotografía, los guiones o un blog.

Por eso ahora me toca a mí, contar algunas historias propias o ajenas, casi siempre son más de las primeras que de las segundas. También disfruto de escuchar historias. Ya no tanto de conejitos o Reyes Magos, historias de amor en su mayoría...

Me gusta decir que mi historia con Pepo empezó antes de que los dos nacieramos porque por esas cosas de la vida, mi papá estudió la misma carrera que su mamá y fueron compañeros de estudio durante un tiempo hasta que a su mamá, los militares la obligaron a volver a su ciudad y dejar su casi finalizada carrera de medicina. 
En la secundaria, una de mis amigas estaba "enamorada" de él pero nunca pasó nada entre ellos, yo fui testigo de ese enamoramiento y la escuchaba suspirar cada vez que lo veía. 
Años después me enteré que para ese entonces él ya me conocía, le preguntaba por mí a su tía que era mi profesora de inglés.
A los veinte años finalmente nos dijimos hola. Me acuerdo que se presntó: "yo soy Sebastián, ¿vos cómo te llamás?"  Ambos fingimos no saber nuestros nombres. Yo le dije: "Soy Victoria, tu nombre es musical Sebastián, me gusta". Y él se rió no sé bien porqué, se rió fuerte como siempre, como si fuese Papá Noel.
Nos hicimos amigos, de esos que miran pelis y desayunan juntos. Conocí otras personas y dejé de recordarlo pero no me olvidé de él, todavía no lo hago.
A los veinticuatro me dijo que lo hacía feliz, así de repente me desayuné esas palabras. Tuve que entenderlas y desecharlas casi al mismo tiempo junto con mis ilusiones y mi amor que había resurgido de la nada. Porque ni bien me dijo eso, se desdijo y tuve que tragarme el dolor que me causó no solo que me dijera que no quería estar más conmigo sino que no le importara lastimarme como si yo hubiese sido para él una chica sin historia. Así que dejé de hablarle y cada vez que me lo cruzaba lo ignoraba por completo.
Ayer,volví a escuchar esas palabras a las que les temía, esas: "estoy confundido, no sé por qué no me sale hacer más cosas con vos, no le veo futuro a esta relación, no quiero hacerte sufrir, etc." 
No lo puedo creer, sí me hace sufrir eso es inevitable. No me explico cómo puede hacerme tanto daño, a veces pienso "no solo no me quiere, además me odia". 
Es más sencillo que me diga que no me quiere, preferiría eso a que me diga que no sabe porque me está mintiendo, sí sabe lo que le pasa. Es simple: no me quiere.
Tenía escrito este post por la mitad, pensaba darle otro final pero de repente pasó esto y aunque suene a mentira, no me lo esperaba.
Ahora tengo miedo de que está historia realmente no tenga fin, de que pasen seis meses o un año y vuelva a creer que el amor se puede cambiar. Creer que es posible cambiar los sentimientos de una persona.
Tengo que entender eso  que parece tan sencillo de hacer pero que es tan difícil... 

Quiero quedarme con el Pepo de cuando ambos teníamos veinte años porque la relación que tuvimos en ese momento era impoluta, sincera y no me dolía tanto...

viernes, 15 de agosto de 2008

¡Pepo no me quiere!


“¡Pepo no me quiere, Pepo no me quiere!”. Leído sonará muy gracioso o no... pero yo lo repetía con todo el dolor del mundo.
Lo repetí desde que cumplí mis veintiún años y durante todo un año. Mi intención era convencerme de que Pepo no me quería realmente pero era imposible porque yo lo amaba. Sufría una especie de encantamiento como si él fuese mi Príncipe Azul que me había rescatado de otro príncipe, uno un poco violento de nombre Marcos. Cada vez que hablaba de Pepo, cada vez que lo veía, que me acordaba de Pepo, que me hablaban de Pepo; cuando recibía un mail de Pepo o Pepo aparecía en mi casa para desayunar o se iba de mi casa después de ver un par de películas o cuando Pepo me prometía visitarme en Buenos Aires… cuando veía las fotos junto a Pepo, cuando Pepo estaba borracho, cuando Pepo estaba sonriendo (siempre), cuando estaba con sus amigos; nunca me olvidaba de repetir: “¡Pepo no me quiere!”.La verdad es que Pepo no me quería, no me quiere ni me va a querer… no me quiso nunca.A pesar de los besos y los abrazos, de las palabras y los momentos. A pesar del tiempo, del año que pasó hasta que entendiera que Pepo estaba con otra persona y no iba a ocurrir que una mañana, repentinamente después de que los dos bajáramos juntos las escaleras de mi casa; él delante mío, yo todavía en pijamas con los ojos medio pegados y el pelo revuelto, nos sentáramos luego uno frente al otro en la mesa enorme de algarrobo oscuro con una taza de café para cada uno y una variedad de dulces para acompañar; Pepo con las manos entrelazadas en la taza, tomara pequeños sorbos de café para en seguida decirme que era a mí a quien quería, que se había equivocado, que simplemente tenía miedo de conocerme y enamorarse de mí pero que ahora iba a dejar a su novia de toda la vida para estar conmigo sin dejar de ser mi amigo y para amarme y compartir mucho más que las películas, los cafés, los abrazos. Me cansé de esperar y entendí y consecuentemente dejé de repetir: ¡Pepo no me quiere!
Y lo conocí a Lucas. Extrañamente, Lucas y Pepo sin siquiera conocerse parecen complotarse para aparecer, desaparecer y volver a mi vida; uno seguido del otro sin que yo se los pida pero siempre dándoles permiso para hacerlo.