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miércoles, 1 de junio de 2011

fusilli funghi

El sábado a la noche fui a cenar a un restaurante de Palermo, me enamoré fugazmente de un hombre de camisa a cuadros que cenaba con su novia y como la primera vez que visité el lugar de comidas, me enamoré toda la noche del chico que te da la bienvenida al lugar.

Sin embargo, dado que el hombre ya tenía chica y el recepcionista le sonreía a todos y no solo a mí, me dediqué a observar a una pareja.

No me anamoré de ellos instantánemente, no fue amor a primera vista, no me dio el tiempo ni siquiera para sentir cariño, aprecio. Esta vez no sentí celos, no.

La receta de los fusilli es así: 1) Lo primero que se debe hacer es poner a hervir bastante agua con un poco de sal en una olla, echar la pasta, dejar que hierva nuevamente y cocinar los fusilli 9 minutos o hasta que estén al dente.
Para una chica que no sabe mucho de cocina porque vive sola y cocina lo más fácil. Menú para uno. Tiene hambre y quiere ensuciar lo menos posible; queda clarísimo que no va a amasar la pasta, va a la pastería más cercana y compra los tallarines que le parecen más ricos y que le recomienda el señor que la atiende. 
Los de al lado, no comieron pasta ni carne, no tomaron vino ni gaseosa. Se pasearon entre la gente, y bebieron en la barra y después volvieron y cada uno se sentó frente al otro, al lado de la ventana; entre mi mesa y la de la pareja de los besos en la mano. Esta última llegó, el hombre (el de camisa a cuadros del que me enamoré brevemente) se adelantó y le abrió la puerta a su novia, se acerco a la recepción y preguntó por su reserva, ambos esperaron en la barra mientras charlaron animadamente. Ella sentada en la única banqueta que quedaba libre, él parado a su lado.
Entonces la receta de los fusilli es así:
1)Primero limpiamos, troceamos y escurrimos los champignones. Picamos finamente los ajos. En una sartén, ponemos a fundir la mantequilla y tres cucharadas de aceite. Cuando esté caliente echamos los ajos y salteamos unos minutos. Luego agregamos los hongos, un poco de queso parmesano y removemos bien.
Las dos parejitas treintañeras se sentaron a la mesa, no sé qué comieron los de los besos en la mano, asumo que pastas y bebieron vino, estoy segura que sí.
Los que caminaron entre las mesas, compartieron una sola porción de algo, desde mi lugar se vio escaso. El se sirvió en el plato, ella comió desde la fuente. Pienso que él comió más que ella mientras charlaban y alternaban sorbos de un líquido amarillento con miradas cercanas, nunca besos.
De repente el tenía la mano de ella tomada con sus dos manos. Parecía que la apretaba, los dedos; el brazo de ella vestido y estirado en toda la mesa. 
La otra pareja, la de los besos en la mano ya no estaba. Los vi charlar un par de veces con la camarera. Incluso ella se incorporó para saludar a unas chicas que estaban en el lugar. Solo quedaban las copas y la botella. 
2)Cuando los champiñones están sofritos agregar el vino y dejar que se evapore un poco. Apagar y agregar la crema y el yogourt y sazonar con la nuez, sal y pimienta.
Cerré los ojos un momento justo cuando mi hermana hizo una foto mía junto a mi mamá y cuando los abrí, vi cómo con violencia la chica se soltó de la mano de él. Le dolió más a ella y escuché: - "No te pongas mal". Ella tiró la campera y la bufanda de él sobre la mesa y se le deformó la cara. Se abrigó y se quedó inmóvil mientras sus ojos se ponían cada vez más vidriosos. 
2)Mientras tanto, en otra sartén con tres cucharadas de aceite, acitrona el resto del ajo y la cebolla, agrega los hongos,las hierbas, el vinagre y salpimenta.
La pareja de los besos en la mano, no había desaparecido. Estaba haciendo sociales en un rincón del jardín del restaurante. Hacía frío pero ellos no lo sentían, yo tuve que cruzar el jardín para ir al baño y desorientadísima, me metí en la cocina. Ellos solos, a los besos, con amigas que charlaban y se reían, ellos solos sin música, sin comida, sin vino, sin aire. Solos. 
Volví y me senté, la pareja que no hablaba estaba todavía ahí, inmóviles los dos. 

Primero quise ser la otra, la que el novio no se cansaba de besarle la mano. Quise reírme como ella, que él me mirara solamente a mí. Al mismo tiempo quise ser la otra, la inmóvil.
Pero enseguida supe que ya había sido las dos en otro momento.
Cuando volví a mi posición de testigo, quise borrar de la cabeza de la chica la frase: "no te pongas mal", quise animarla; decirle que si tenía ganas de insultarlo que lo hiciera aunque ella parecía tener más ganas de decirle que la abrazara. Creo que sentía un poco de verguenza, creo que quería que él se diera cuenta de lo que ella pensaba.
Quise decirle que sonriera, que no se enojara. Que hiciera un chiste, que lo besara. Pero no lo hice. Cómo saber si todas esas recomendaciones podían funcionar para que no se sintiera tan mal.

3)Servir con queso encima, rallado en hebras gruesas, un toque de aceite de oliva y listo.
La pareja de los besos se quedó ahí.
3)Revolver muy bien la mezcla y sacar la pasta sin escurrir ni enfriar ponerla en un platon con la salsa. 
Espolvorear queso parmesano y listo.
Los otros se fueron, se levantaron al mismo tiempo los dos. Ella juntó sus cosas y salió por el camino más corto y más despejado. El caminó con pasos irregulares, se detuvo y parado debajo de una arcada vio que ella ya casi estaba en la puerta de salida y no la siguió, atravesó una puerta, pasó entre las mesas.
No existen las recetas para que las cosas salgan bien, más sabrosas al menos. 
Me quedo con que lo importante es lograr ponerle nuestro "condimento" a todo aquello que pensamos y hacemos para que resulte algo disfrutable, placentero como la comida; no quedarnos con las ganas de probar nuevos sabores, no quedarnos con pensamientos atragantados, con lágrimas a mitad de camino. No dejar de hacer algo por temor a incomodar al otro; que mientras se haga con amor, siempre va a ser delicioso.


¡Espero que les guste y buen provecho!

lunes, 14 de febrero de 2011

El mes de San Valentín

No me gusta febrero, me parece un mes hipócrita que tiene veintiocho días durante tres años seguidos y al cuarto cambia y le suma un día más. Mes defectuoso, el análogo del mes agosto por su posición en el calendario. 
Mes dos en el hemisferio Sur, es para el Norte lo que el mes ocho en el Sur. 
Entonces mi disgusto se vuelve doble. Porque no me gustan ambos meses, y cuádruple porque puedo tomar una calculadora, un pequeño anotador o simplemente ponerme a pensar un poco y recuerdo que estos dos meses, suman en lo que van de mi vida más momentos (feos) ocurridos tanto en uno como en el otro. 


Sol y brisa en febrero, aire puro y un "no te quiero" que sonó en cada rajadura de las paredes de la cuadra de mi casa veraniega. Y en pleno agosto, con mis zapatillas nuevas que caminaron las veredas de Palermo, rápido, pensando en otro final... y una vez más palabritas tontas me arruinaron el dìa del niño. (No importa que me falten un par de años para los treinta) aún soy niña en muchos aspectos de mi vida.


De vuelta en el 64, del laburo a mi casa, agradezco ver solo algunos buenos muchachos con ramos de flores. ¿Por qué todos llevan rosas rojas? Las flores coloridas y silvestres son más amorosas.
Resulta que hoy es San Valentín, Doritos dice: "San Valentín o San vale todo?" y qué es TODO me pregunto. 
Son las 18:40, mi mamá me llama para contarme cosas, de todas escucho algunas, lo cierto es que no le pongo mucha atención, como es su costumbre me hace reír por alguna loca ocurrencia y aunque el ruido lo tapa todo, mi carcajada se escucha fuerte y se corta porque sin la menor distracción, escucho: "Murió Estela" - dice Celeste sin pelos en la lengua.


Me paralizo, hace años que no la veo y muchos años pasaron desde que compartimos veranos en la costa, inviernos en la montaña. Malditos febreros de playa y ventosos agostos mendocinos. 
En mi cabeza un loop de: "por qué te quejás siempre de tantas pelotudeces?" 
Esta mujer que fue mi madrina, que la recuerdo con su delgadez y su pelo dorado bailando en mi cumpleaños de quince, bella en un vestido negro. Delicada toda su figura y su rostro... puedo continuar y martirizarla aún más, decir por ejemplo: que no se merecía sufrir dos meses de dolor. 
¡Pero que lindo regalo "del día de los enamorados" que recibió!


San Valentín o San Vale TODO? Qué es todo? Cuánto es MUCHO? 


Cuánto amor justifican golpes, agonía y muerte? 
La respuesta es NADA. Porque no existe el cuánto, el mucho, el "un montón".

No San Valentín, no vale todo. Lo excesivo, excepto el amor, hace mal y esto sí que no era amor. 
Entonces queridos meses de febrero y agosto, pero especialmente vos febrero... apestás a desamor.

sábado, 8 de enero de 2011

El año del conejo

Empezó el 2011 hace exactamente 8 días. No veo algunas personas, incluso algunas cercanas, amigos, familiares desde el año pasado.


Hace un par de días colgué un almanaque que me traje del Museum of Modern Art of New York. 
Comencé bien el año; como los brasileros, vestida de blanco recordando también que hacía un año celebraba con amigas la llegada del 2010 en Río de Janeiro. Y porque también quería estrenar el vestido que me regalo mi amigo Iván.  

Antes de ir a la fiesta del pueblo mi día fue así:
cené a eso de las 22 y 30, terminé de comer y me quejé que la banana frita estaba negra, entonces me sirvieron una porción de cheescake con frutos rojos que estaba deliciosa. Enseguida aparecieron las fotos, todavía no eran las 12 pero faltaban unos diez o quince minutos, nos servimos el champagne y encontré un recital de Queen en la tele. Entonces al ritmo de "Another one bites the dust" empecé a cabecear como loca y a golpear en la mesa, se hicieron las 12 y se me cayó el resto de la porción de torta que quedaba en el plato encima del vestido blanco. Así comencé muerta de risa, exigiendo que me limpiaran la ropa y bailando con mi hermana las  canciones de Freddy.
Ya limpita y feliz, seguí bailando. Nos juntamos en la casa de un amigo antes de llegar a la fiesta.

Lo que más me gusta de Chivilcoy con mis amigos son esos detalles que hacen que los momentos no se puedan repetir en otra parte del mundo con otras personas. Es el viaje en auto, todos amontonados, es la vuelta a la plaza en auto, a pie, en cuatri, las juntadas en casa, las cuadras hasta el bar, tirarse a charlar en el piso de casa, las pelis, la vereda, los mates. Y así lo reduzco a palabras pero es mucho más que eso..


Cuando finalmente nos juntamos en la fiesta me fui con Malvi, Euge y Sofi a pasear por ahí y de repente recibí el primer beso del 2011. Hablé uno o dos minutos con un chico no es mi amigo, no es un ex (compañero, novio, etc) pero lo conozco y me gusta así como me pueden gustar otros... un poco. Ni bien terminé de decirle "feliz año Nico!" me estampó un beso en la sonrisa. Fue muy lindo, no por el beso en sí sino por el gesto, porque espero que todas las cosas que me sucedan en el año sean así, sorpresivas, agradables, inesperadas, alegres... porque imagino que un beso es de buen augurio y más un 1 de enero de 2011 a la madrugada y porque me dormí a las 7 de la mañana y soñé que besaba a Iván* y besar en los sueños también es buen augurio.


*El me dio el abrazo más lindo en lo que va del 2011.


Feliz año lleno de besos para todos!

sábado, 18 de septiembre de 2010

"... también pasa el león ..."

Cuando naciste yo comenzaba primer grado en el colegio y cuando a vos te tocó iniciar la escuela yo ya estaba terminando, pensando en un viaje de egresados a Córdoba con mis compañeros que nunca logramos concretar.
No sé si vos viajaste a los 12 años para esas tierras pero para ese entonces yo ya había viajado en avión a Bariloche, allá había visto por primera vez en vivo a Los Piojos y estaba en plena preparación para mi fiesta de egresados que ocurrió en medio de saqueos y "toque de queda", fue la fiesta más breve de la historia.
Y cuando vine a vivir a Buenos Aires, vos recién empezabas a conocer gente nueva del secundario o polimodal porque no sé cuál te tocó hacer. Cinco años de colegio que dan en total 18 para vos para mí 23. Para ese entonces, ya había sufrido varias decepciones amorosas, había tenido varias experiencias laborales y estaba terminando mi segunda carrera en la facu.
Vos empezaste lo mismo que estudié yo y cursabas muy cerca de mi casa pero te aburriste, o no te gustaban las materias y los profesores o me atrevo a decir que en ese momento y hasta hoy, no sabés qué querés en muchos aspectos de tu vida. Luego empezaste a laburar en el mismo lugar que yo pero aun así no nos conocimos hasta que nos juntó una fiesta de la que no me acuerdo casi nada, excepto el final y vos ya te habías ido. 
Pero eso fue el inicio y recuerdo cada detalle a partir de ese entonces, y los tengo guardados en mi memoria y no los cambio por nada pero están archivados en una "carpetita" con un rótulo especial para que no vuelva todo el tiempo a abrirla y querer ver el contenido y vivir de eso y quedarme como dormida en esa sensación de bienestar.

Todo lo anteriormente escrito, me lo contaste con más detalles, con nombres, con lugares, con fotos y lo ejemplificaste y me diste tus razones por las cuales hiciste o no algunas cosas y te escuché siempre y me encantó conocerte...
Pero hoy sé varias cosas; que te sentiste seguro y te diste cuenta que yo era real y cuando digo real, no es por sentirme especial, significa que me volví cotidiana y libre, no de libertad de disponibilidad, confiada no porque me lleve el mundo por delante y crea en mí, sino porque estaba segura de la relación.
Pero hoy entiendo, que cumplís 21 años y que me tengo que conformar con todo lo que me dijiste y las razones que me diste por las que no querés seguir compartiendo cosas conmigo. Que no recuerdo muy bien todas las conversaciones acerca de eso pero me quedo con una de tus frases, ni las más acertada, ni la que más me alivió, ni los "te quiero", claro... me quedo con: "quiero otras cosas".

Entonces y aunque no lo leas: Feliz cumpleaños, ojalá todas esas cosas que querés primero sepas cuáles son; consigas hacerlas, cumplirlas, lograrlas que sean infinitas y te formen como persona y te hagan más hombre; que hoy sé que a pesar de todo eso, nunca me vas a alcanzar, siempre vamos a estar en distintas etapas de nuestra vida. 

jueves, 2 de septiembre de 2010

"...pasa el elefante..."

Un viernes.

te crucé, intenté que no sucediera pero te crucé al final del día. y miento porque primero te vi, más temprano te vi de lejos y te extrañé.
Cuando te crucé, primero escuché tu voz, me adelantó tu presencia. y sentí miedo, sentí DESAPARECER.  
Ni te miré porque me hubiese detenido a saludarte. ¿por qué me hubiese detenido a saludarte si ya no estábamos esperando para caminar juntos hasta la avenida? 
deseé desaparecer o ser otra persona.
Y caminé sola y me mordí los labios para no llorar.
Y llegué hasta la avenida y esperé.

"Ya no quiero verte"  - pensé

Ya no quiero acordarme porque si no podemos estar. Entonces quiero que desaparezcas vos.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Pasala y que no vuelva

Seguro todos recordarán del colegio, de los amigos, de la infancia, de la edad del pavo; un juego que jugábamos todos, nadie ganaba o perdía, no había equipos ni reglas. Consistía en pasar algo, en general y entre los más grandes era un golpe en alguna parte del cuerpo acompañado de un histérico y risueño: "pasala y que no vuelvaaa", lo que indicaba que ese mismo golpe, ese mismo mensaje se lo tenías que pasar a otra persona, si te lo quedabas no perdías pero el juego llegaba a su fin.
Si el juego era entre los más chicos el mensaje iba en papel, generalmente el "pasala y que no vuelva" era una frase ridícula escrita a mano en un papel arrugado que solo tenía como fin distraer al otro y tal vez provocar su risa en alguna clase silenciosa del colegio.

Pero ahora, cuando me acordé de esto, además de sentir un poco de nostalgia, pensé en el hecho de PASAR en el sentido de VIVIR. Y me repetí un par de veces, "pasala y que no vuelva"... "vivila y que no vuelva". Pero además pensé: "pasala" de "atravesala", atravesar la situación y seguir adelante y ahí encontré el "que no vuelva".


Para graficar la frase es algo muy simple, así: una persona que camina por una calle cualquiera y tiene que sortear obstáculos, algunos más difíciles que otros pero al final todos (no importa cuántos sean) quedan atrás y la persona mira y entiende que pasó, que atravesó el camino y que no vuelve, por lo menos por ahora no.

En cuestión de relaciones pienso que es válido pensar así, más que nada cuando uno intenta ubicarse en el lugar de la otra persona, tal vez un amigo al que le toca pasar cierta situación y en algún otro momento, seremos nosotros u otro amigo los que pasemos por una situación con obstáculos que vencer. Lo cierto es que nunca, por más similares que sean esas situaciones van a ser iguales, y jamás vamos a poder ponernos en los zapatos del otro para entender lo que esa persona siente cuando tiene que atravesar esa situación. 
En los intentos por ayudar al otro, escuchamos atentos las historias que nos cuentan. 

Una amiga que en su camino por cortar definitivamente el vínculo con su ex novio de 5 años, sigue saliendo con los amigos y parientes de él y le decís con voz fuerte y decisión: "boluda, ¿por qué hacés eso? salí y divertite pero con otras personas, conocé gente nueva..." y cerramos la conversación, casi con censura con la trillada frase: "yo jamás haría eso su lugar". 
Hay otras amigas, una me cuenta que sale con un tipo que tiene novia y prácticamente la odias por hacer eso y otra vez intentás convencerla: "te estás equivocando, vas a sufrir mucho". Punto y decretás: "yo sé que nunca accedería a una cosa así".

Ojalá todas me respondieran y me cerraran la boca: "Ey Vicky, pasala y que no vuelva". (que te pase y después hablamos)
Porque la verdad es que no puedo ponerme en su lugar y nada es tan seguro y tan definitivo y quizás vos, yo y todos alguna vez pasemos por alguna situación similar pero nunca igual a la que viven los otros, todos.
Porque además no se sufre más o menos, se sufre y punto.  
Ahora me toca a mí. 
Pienso: la paso y que no vuelva. En pleno proceso, pienso que no vuelva

Mi obstáculo mayor es que pensar que las decisiones que toman los demás se pueden cambiar, que hay un truco o una forma mágica para cambiar eso pero ya lo voy a pasar...

domingo, 21 de marzo de 2010

Hiroshima Mon Amour (1959)

Escúchame. 
Como tú, conozco el olvido.
No, no conoces el olvido.
Como tú, estoy dotada de memoria. 

Conozco el olvido.
No, no estas dotada de memoria. 
Como tú, yo también he intentado luchar con todas mis fuerzas contra el olvido. 
Como tú, he olvidado.
Como tú, he deseado tener una memoria inconsolable, una memoria de sombras y piedras. 

He luchado por mi cuenta, con todas mis fuerzas, contra el horror de ya no entender la necesidad de acordarse. 
Como tú, he olvidado.
¿Por qué negar la necesidad evidente de la memoria?

Me encuentro contigo.
Me acuerdo de ti.
¿Quién eres?
Me matas.
Me das placer.
¿Cómo saber que esta ciudad estaba hecha para el amor?
¿Cómo saber que tu cuerpo estaba hecho para el mío?
Me gustas.
Qué acontecimiento: me gustas.
Qué lentitud, de repente.
Qué dulzura. No puedes saber. 
Me matas, me das placer.Me matas.Me das placer.
Tengo tiempo.Te lo ruego.Devórame.
Defórmame hasta la fealdad.
¿Por qué no tú? ¿Por qué no tu, en esta ciudad y esta noche, tan parecida a las demás como para confundirla?
Te lo ruego.

Marguerite Duras y Alain Resnais. 
La perfección, a mi entender entre literatura y cinematografía.

jueves, 11 de marzo de 2010

Mientras tanto...

No fue difícil para mí, tragarme las lágrimas cuando me dijo que no quería estar más conmigo y cerrar la puerta con decisión mientras aún sonaban esas últimas frases en mi cabeza y se subía -como es costumbre- a su bicicleta destartalada. No me costó cerrar la puerta antes de que mirara hacia atrás y me sonriera y yo lo saludara con la mano y le tirara besos al aire. Guardé los besos y solté las lágrimas apoyada contra la puerta mientras escuchaba el golpe de la reja.
Tampoco me costó borrar todo posible contacto que pudiera tener con él y sus mensajes; los lindos, los feos y los no respondidos. No volver. Eso no me costó, no salir a su encuentro, no pasar por su casa, no preguntarle a la gente conocida por él. Todo eso, no me costó.
No fue difícil escuchar que una noche lo vieron cerca de mi casa besando a otra mujer. No me dolió, me olvidé de eso. 
No me costó volver a verlo, de lejos o de cerca, no me acuerdo como fue la primera vez que lo vi después de tanto tiempo, después de que intenté desaparecer un tiempo. 
No fue difícil pretender que era aire, no mirarlo a los ojos, pasar a su lado y no saludarlo. Ignorar.
No me costó no ilusionarme al enterarme que había preguntado por mí en varias oportunidades, no me costó no preguntar por él, no querer saber cómo iba su carrera, si ya era un arquitecto, si seguía militando y jugando al basquet y si tenía novia. Saber cómo estaba y cómo se veías, no me costó. 

Pero de repente, tampoco me costó pensar en vos, encontrarte entre mis pensamientos. Y pensar que quería saber de vos y conversar. 
Dos años después, tuve ganas de olvidarme de lo que había pasado, de lo que me habías dicho y no me costó pensar eso, no recordar lo que ya fue. 
No fue difícil para mí volver a verte y mirarte, dejar de pretender que en tu lugar había aire, no me costó encontrarte y reconocerte. No me costó decir que no a la cerveza caliente que me convidaste. No fue difícil para mí abrazarte y apoyar mi nariz en tu pelo con olor a "pelo" como decías siempre. No me costó decir que cuando me preguntaste y volver a desayunar y ver películas juntos, no me costó. 
Y besarte, abrazarte y andar en tu bici destartalada tampoco... así como no me costó acostarme en la misma cama para el sexo y para dormir con vos.

Pero hoy me cuesta, hoy no puedo cerrar la puerta, no llorar y pretender que sos aire. 
Es difícil aceptar las palabras, olvidarme... 
Difícil significa que no puedo o no quiero hacer lo que ya hice al intentar olvidarte, sacarte de mi vida porque si no funcionó y está comprobado entonces, significa que me cuesta que me da miedo no poder lograrlo. Soy cruel, sé cruel conmigo y decime lo que no quiero aceptar y no me hables más por favor porque duele... me cuesta, se me hace difícil.

miércoles, 3 de marzo de 2010

¿Qué tengo? (II): 1098 days of Pipi

Tengo un amigo que se llama Iván y al que cariñosamente y debido a mi habitual costumbre de poner sobrenombres a las personas que quiero, llamo "Ivano o lechoncito".

Hoy pensé cuánto tiempo hace que lo conozco y me sorprendí...
Me da un poco de miedito leer que hace más de 1098 días que conozco a Iván... porque es mucho tiempo y aunque no hayamos pasado los 1098 días juntos, este último tiempo desde que empezó el año hasta ahora estuvimos más pegados que nunca.
Podría decir que de los 1098, los últimos 70 días hicimos todo juntos; desde almorzar o cenar juntos hasta ir a comprar los regalos de Navidad para nuestros amigos y familia. Pasando por discusiones por malos entendidos, pelis a la noche, paseos en cuatri o auto, salidas grupales, "salidas íntimas", visitas a mi tía, reuniones familiares (bautismos, cumpleaños, etc.), visitas al traumatólogo y al kinesiólogo, visitas a su mamá (que me ama) y muchos más etcéteras.


¿Qué tengo? tengo un amigo que se llama Iván, al que secretamente llamo Pipi porque me resulta divertido. Y posteo esto sobre él porque anoche vimos "500 days of Summer" y antes de anoche vimos "Cuando Harry conoció a Sally". Amo ver películas con él aunque se ría cuando no hubo ningún chiste e intente dirigir a los personajes hablandole a la pantalla.
Tal vez suene egocéntrico pero ambas películas me devuelven momentos, situaciones y cosas que viví, pensé y hasta discutí con Iván.
Por eso son mis "1098 days of Pipi", tal vez lleguen a ser más o se corte en dentro de 50 días más, no lo sé. Pero disfruto todo lo que hago con él, incluso hasta las discusiones. Y aunque muchos no lo entiendan y yo no pueda o quiera explicarlo, yo adoro que -entre otras cosas-, mi amigo Iván me diga: "Vicky abrigate porque vas a tener frío" aunque hagan 25 grados. 
Anoche terminó la peli y me dijo: "Qué linda canción, me suena pero no me acuerdo dónde la escuché" y le dije: "Sí, te la hice escuchar yo Iván" .

 

Me puse contenta que lo haya recordado, así a su manera. 
Espero que les guste, no por nada le hice escuchar esta canción a Iván. 
Es que veces, en mi fantasía pienso que él todavía no se dio cuenta...

viernes, 26 de febrero de 2010

Contame un cuento...

Cuando era chica le pedía a mi mamá que me contara un cuento de vez en cuando. Recuerdo dos historias: una sobre un conejo y otra sobre la llegada de los Reyes Magos.
Con paciencia relataba brevemente cada una de ellas, yo escuchaba con atención y si acaso cambiaba algún dato por mínimo que éste fuera, se lo hacía saber y le exigía que lo contara como lo había hecho originalmente. 

Detalles de colores, orden de la historia, personajes y diálogos. Era como un juego, me divertía, pero al mismo tiempo si mi mamá no hacía los cambios correspondientes al relato, me enojaba un poco y no la dejaba continuar a menos que volviera en la historia para corregir el error. 
Como si esa chiquita de menos de cinco años ya hubiese sabido que de adulta quería contar historias ya sea a través del cine, la fotografía, los guiones o un blog.

Por eso ahora me toca a mí, contar algunas historias propias o ajenas, casi siempre son más de las primeras que de las segundas. También disfruto de escuchar historias. Ya no tanto de conejitos o Reyes Magos, historias de amor en su mayoría...

Me gusta decir que mi historia con Pepo empezó antes de que los dos nacieramos porque por esas cosas de la vida, mi papá estudió la misma carrera que su mamá y fueron compañeros de estudio durante un tiempo hasta que a su mamá, los militares la obligaron a volver a su ciudad y dejar su casi finalizada carrera de medicina. 
En la secundaria, una de mis amigas estaba "enamorada" de él pero nunca pasó nada entre ellos, yo fui testigo de ese enamoramiento y la escuchaba suspirar cada vez que lo veía. 
Años después me enteré que para ese entonces él ya me conocía, le preguntaba por mí a su tía que era mi profesora de inglés.
A los veinte años finalmente nos dijimos hola. Me acuerdo que se presntó: "yo soy Sebastián, ¿vos cómo te llamás?"  Ambos fingimos no saber nuestros nombres. Yo le dije: "Soy Victoria, tu nombre es musical Sebastián, me gusta". Y él se rió no sé bien porqué, se rió fuerte como siempre, como si fuese Papá Noel.
Nos hicimos amigos, de esos que miran pelis y desayunan juntos. Conocí otras personas y dejé de recordarlo pero no me olvidé de él, todavía no lo hago.
A los veinticuatro me dijo que lo hacía feliz, así de repente me desayuné esas palabras. Tuve que entenderlas y desecharlas casi al mismo tiempo junto con mis ilusiones y mi amor que había resurgido de la nada. Porque ni bien me dijo eso, se desdijo y tuve que tragarme el dolor que me causó no solo que me dijera que no quería estar más conmigo sino que no le importara lastimarme como si yo hubiese sido para él una chica sin historia. Así que dejé de hablarle y cada vez que me lo cruzaba lo ignoraba por completo.
Ayer,volví a escuchar esas palabras a las que les temía, esas: "estoy confundido, no sé por qué no me sale hacer más cosas con vos, no le veo futuro a esta relación, no quiero hacerte sufrir, etc." 
No lo puedo creer, sí me hace sufrir eso es inevitable. No me explico cómo puede hacerme tanto daño, a veces pienso "no solo no me quiere, además me odia". 
Es más sencillo que me diga que no me quiere, preferiría eso a que me diga que no sabe porque me está mintiendo, sí sabe lo que le pasa. Es simple: no me quiere.
Tenía escrito este post por la mitad, pensaba darle otro final pero de repente pasó esto y aunque suene a mentira, no me lo esperaba.
Ahora tengo miedo de que está historia realmente no tenga fin, de que pasen seis meses o un año y vuelva a creer que el amor se puede cambiar. Creer que es posible cambiar los sentimientos de una persona.
Tengo que entender eso  que parece tan sencillo de hacer pero que es tan difícil... 

Quiero quedarme con el Pepo de cuando ambos teníamos veinte años porque la relación que tuvimos en ese momento era impoluta, sincera y no me dolía tanto...

sábado, 20 de febrero de 2010

Una de "wail" y otra de arena

Iba a algún lugar de la ciudad...
Habitualmente, con estos días lindos de verano, me da por salir del laburo, tomarme algún cole y viajar a un lindo barrio para caminar tranqui mirando vidrieras.
Pasé por una librería de la avenida Pueyrredón. Si no recuerdo mal su nombre  es "Ave Fénix", tal vez estoy inventando. Pero no es de esas librerías que son cadenas. Esta es pequeña de frente pintado de azul. Al menos eso pude ver por la ventanilla del 118. También vi que había un vendedor joven y lindo. Dato importantísimo para tener en cuenta y darse una vuelta por el lugar a ver qué onda...
Pensé que me gusta mucho leer pero que a veces soy muy vaga y me tomo todo el tiempo del mundo para leer un libro. Lo que me encanta realmente es terminar un libro y tener esa sensación de querer que la historia que leí, continúe. Lo que hago entonces es después de un tiempito y después de leer algún que otro libro; comenzar con una segunda y a veces hasta tercera lectura de un mismo libro... no me pasa con todos o con cualquiera, solo con algunos.
Por eso es que hay muchos libros que no leí porque sigo leyendo los que ya leí. Hay muchos otros que no voy a leer (porque no me interesan todavía o porque no me daría el tiempo que dure mi vida). Pero esta reflexión viene a cuenta de que hace poco, mantuve con una amiga -que no solo es una excelente lectora, además es muy buena recomendando libros-, una conversación sobre el amor y las relaciones. No me acuerdo como se inició exactamente pero esto es lo que yo le dije y lo comparto:

"Quiero estar con alguien con quien pueda compartir mis libros. Cuando conozca a esa persona especial para mí voy a saber que lo que más quiero entre otras cosas es compartir mis libros con él para que juntos armemos nuestra propia biblioteca. El lea mis libros y yo los suyos".

Sé que quiero eso, al menos sé algo y eso es más que suficiente para mí.

martes, 19 de enero de 2010

¿Qué tengo? (I)

Tengo guardado desde noviembre de 2007 un archivo de 1600 KB de espacio en la memoria de mi PC y no pienso borrarlo, prefiero borrar otras cosas pero el  historial de chat por msn con Iván no lo borro ni loca. Además lo leo a veces cuando se me da por intentar encontrar algún indicio de amor entre tanta palabra y emoticón.

Me gustaría dejarles toda la conversación pegada en este post pero sería demasiado, prefiero contarles de a poco lo que significa para mí...
Cuando lo conocí a Iván yo tenía 22 años y él 20 recién cumplidos, me gusta pensar que nacimos con una diferencia exacta de 2 años y 10 meses.
La ecuación es simple:

Nos conocimos + nos gustamos + nos besamos = nos hicimos amigos.

No sé si debía pasar de ese modo, no sé si tenía que dar ese resultado. Pero en principio, pasó eso. Luego, con el paso del tiempo, la ecuación se fue complejizando un poco...

También tengo tres tatuajes en el cuerpo, desde 2005, hasta el 2008 elegí en diferentes momentos, tatuarme tres cosas. Una estrella adorna mi pie derecho, una cruz mi tobillo izquierdo y por último, un triangulo quedó dibujado para siempre debajo de mi nuca, ese me lo tatuaron para mi cumple número 25 y es el más significativo de todos.

¿No es molesto cuando la gente pregunta por el significado de los tatuajes que uno lleva?

A mí me molesta un poco responder esa pregunta. Tal vez porque mis tatuajes no tienen un significado definitivo o importante. Mi respuesta es: no tienen significado, me gustan nada más. Pero el triángulo... ese sí, ese significa mucho para mí. Me lo hice tatuar para no olvidarme de la ambiguedad de las relaciones que establezco con las personas, ahora que lo entendí tengo que decidir si quiero seguir manteniendo este tipo de vínculos o no.
Lo extraño es que muchas veces, cuando pienso en esto, me doy cuenta de que no lo puedo evitar.
Cada persona importante que forman parte de mi mundo, es la tercera línea que da forma al triángulo que llevo marcado en mi piel. Mi triángulo es infinito...

(Continuará)

viernes, 15 de agosto de 2008

¡Pepo no me quiere!


“¡Pepo no me quiere, Pepo no me quiere!”. Leído sonará muy gracioso o no... pero yo lo repetía con todo el dolor del mundo.
Lo repetí desde que cumplí mis veintiún años y durante todo un año. Mi intención era convencerme de que Pepo no me quería realmente pero era imposible porque yo lo amaba. Sufría una especie de encantamiento como si él fuese mi Príncipe Azul que me había rescatado de otro príncipe, uno un poco violento de nombre Marcos. Cada vez que hablaba de Pepo, cada vez que lo veía, que me acordaba de Pepo, que me hablaban de Pepo; cuando recibía un mail de Pepo o Pepo aparecía en mi casa para desayunar o se iba de mi casa después de ver un par de películas o cuando Pepo me prometía visitarme en Buenos Aires… cuando veía las fotos junto a Pepo, cuando Pepo estaba borracho, cuando Pepo estaba sonriendo (siempre), cuando estaba con sus amigos; nunca me olvidaba de repetir: “¡Pepo no me quiere!”.La verdad es que Pepo no me quería, no me quiere ni me va a querer… no me quiso nunca.A pesar de los besos y los abrazos, de las palabras y los momentos. A pesar del tiempo, del año que pasó hasta que entendiera que Pepo estaba con otra persona y no iba a ocurrir que una mañana, repentinamente después de que los dos bajáramos juntos las escaleras de mi casa; él delante mío, yo todavía en pijamas con los ojos medio pegados y el pelo revuelto, nos sentáramos luego uno frente al otro en la mesa enorme de algarrobo oscuro con una taza de café para cada uno y una variedad de dulces para acompañar; Pepo con las manos entrelazadas en la taza, tomara pequeños sorbos de café para en seguida decirme que era a mí a quien quería, que se había equivocado, que simplemente tenía miedo de conocerme y enamorarse de mí pero que ahora iba a dejar a su novia de toda la vida para estar conmigo sin dejar de ser mi amigo y para amarme y compartir mucho más que las películas, los cafés, los abrazos. Me cansé de esperar y entendí y consecuentemente dejé de repetir: ¡Pepo no me quiere!
Y lo conocí a Lucas. Extrañamente, Lucas y Pepo sin siquiera conocerse parecen complotarse para aparecer, desaparecer y volver a mi vida; uno seguido del otro sin que yo se los pida pero siempre dándoles permiso para hacerlo.